He de olvidar tu nombre, aunque me cueste,
y también los momentos compartidos.
La vida no se queda en los recuerdos,
tampoco en los rincones del camino.
Hemos de caminar hacia adelante,
dejando atrás, los sueños retenidos,
las caras de las dulces Dulcineas,
los campos, los Quijotes y molinos.
He de quitar la prisa de mi sangre
que corre por mi cuerpo con un grito,
dejando que se calmen las pasiones
y llegue el dulce tiempo del estío.
Hemos de procurar buscar la fuente
que moje nuestros labios malheridos,
y el vaso con el néctar escanciado
que alivie el pecho ardiente con su vino.
He de borrar tu nombre de mi agenda
tachando con mi lápiz tanto escrito,
aquellas fantasías de mis versos,
aquellos sentimientos que he tenido.
Hemos de ver de nuevo las tormentas
la nieve tan cruel y hasta el granizo,
la dura travesía del desierto
que lleve nuestros pasos al destino.
He de sentir la eterna soledad,
el guante tan sutil, de mi vacío,
la eterna caracola de mi sombra
que vaga sin cesar y va conmigo.
Hemos de doblegar los fuertes diques,
en yunque acogedor, con el martillo,
para fundir las lágrimas traidoras,
que quedan en los ojos, en sus nidos.
Aunque al final, amor, he de olvidar,
hasta quien soy y todo lo que he sido,
en este torbellino que me arrastra
por las cloacas, hacia el mar contigo.
Tenemos que olvidarnos y olvidar,
y hasta olvidar aquello tan querido,
el labio que decía nuestro nombre.
y el pecho que mandaba los suspiros.
Rafael Sánchez Ortega ©
12/08/09
y también los momentos compartidos.
La vida no se queda en los recuerdos,
tampoco en los rincones del camino.
Hemos de caminar hacia adelante,
dejando atrás, los sueños retenidos,
las caras de las dulces Dulcineas,
los campos, los Quijotes y molinos.
He de quitar la prisa de mi sangre
que corre por mi cuerpo con un grito,
dejando que se calmen las pasiones
y llegue el dulce tiempo del estío.
Hemos de procurar buscar la fuente
que moje nuestros labios malheridos,
y el vaso con el néctar escanciado
que alivie el pecho ardiente con su vino.
He de borrar tu nombre de mi agenda
tachando con mi lápiz tanto escrito,
aquellas fantasías de mis versos,
aquellos sentimientos que he tenido.
Hemos de ver de nuevo las tormentas
la nieve tan cruel y hasta el granizo,
la dura travesía del desierto
que lleve nuestros pasos al destino.
He de sentir la eterna soledad,
el guante tan sutil, de mi vacío,
la eterna caracola de mi sombra
que vaga sin cesar y va conmigo.
Hemos de doblegar los fuertes diques,
en yunque acogedor, con el martillo,
para fundir las lágrimas traidoras,
que quedan en los ojos, en sus nidos.
Aunque al final, amor, he de olvidar,
hasta quien soy y todo lo que he sido,
en este torbellino que me arrastra
por las cloacas, hacia el mar contigo.
Tenemos que olvidarnos y olvidar,
y hasta olvidar aquello tan querido,
el labio que decía nuestro nombre.
y el pecho que mandaba los suspiros.
Rafael Sánchez Ortega ©
12/08/09

1 comentario:
Se florecen mis labios letras a letras
el nombre que en mi alma se ha metido
y como un ruiseñor que con sus trinos
me despierta cada mañana
susurrando su canto en mi ventana
yo murmuro su nombre en mi delirio
me es prohibido amarle con locura
y es prohibido llamarle x su nombre
aunque nadie sepa que ese hombre
se adueño de mi alma con premura
yo musito su nombre con dulzura
cada vez que mi alma se derrama
y su recurdo en cada madrugada
es la llama que quema mi amargura
amargura de saberlo en otros brazos
bebiendo de otros labios los licores
sintiendo e otro cuero las pasioes
que gozaria dulcemente en mi regazo
sabiendo que ahoga en un gemido
las letras de mi nombre que el adora
y en esta pasion arrolladora
terminaran nuestras almas su destino
en el infierno cruel tan temido
por ser solo dos almas
pecadoras
Nuestros nombres prohibidos
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