
En esta hora ya sobran las palabras
y también los suspiros retenidos,
y sobran porque nadie los espera,
se ahogan en el fondo de este río.
Se ahogan las palabras en el pecho
y brotan tenuemente los gemidos,
el grito desgarrado de las almas
volando por los campos ya sin trigo.
Se ahogan las pasiones contenidas
y mueren con las hojas de los tilos,
aquellas que miramos dulcemente
y fueron compañeras y testigos.
Recuerdos de una tarde de paseo,
tu mano acariciada con sigilo,
los labios susurrando tibiamente,
los ojos temblorosos y con brillo.
Las hojas en lo alto nos miraban,
cantaban los gorriones en sus nidos,
abajo las floridas margaritas
dejaban sus colores blanquecinos.
De pronto junto al río nos paramos,
temblábamos de miedo y no de frío,
juntamos nuestras bocas en un beso,
los tilos nos miraron sorprendidos.
Entonces nos sobraron las palabras,
las manos recorrieron los vestidos,
buscamos esas letras en los cuerpos,
las llaves de la vida y del destino.
Notamos presurosos, nuestra sangre,
correr por nuestras venas como niños,
sentimos las pasiones de la carne,
y vimos renacer a los sentidos.
Hoy lloro cuando pienso en todo aquello,
y lloro por amar lo que he perdido,
amado como nunca había amado,
sintiendo la derrota del marino.
Regresan ya las naves de la costa,
al puerto se apresuran los chiquillos,
las madres muy nerviosas los persiguen
pues marchan a buscar al ser querido.
Mi barca embarrancada no navega,
sus restos son recuerdos muy bonitos,
recuerdos de un pasado y unos sueños
que hicieron que viviera un paraíso.
Por eso ya me sobran las palabras
y quiero navegar al infinito,
al mundo de las sombras y la noche
al mundo del infierno tan temido.
Rafael Sánchez Ortega ©
22/01/09
y también los suspiros retenidos,
y sobran porque nadie los espera,
se ahogan en el fondo de este río.
Se ahogan las palabras en el pecho
y brotan tenuemente los gemidos,
el grito desgarrado de las almas
volando por los campos ya sin trigo.
Se ahogan las pasiones contenidas
y mueren con las hojas de los tilos,
aquellas que miramos dulcemente
y fueron compañeras y testigos.
Recuerdos de una tarde de paseo,
tu mano acariciada con sigilo,
los labios susurrando tibiamente,
los ojos temblorosos y con brillo.
Las hojas en lo alto nos miraban,
cantaban los gorriones en sus nidos,
abajo las floridas margaritas
dejaban sus colores blanquecinos.
De pronto junto al río nos paramos,
temblábamos de miedo y no de frío,
juntamos nuestras bocas en un beso,
los tilos nos miraron sorprendidos.
Entonces nos sobraron las palabras,
las manos recorrieron los vestidos,
buscamos esas letras en los cuerpos,
las llaves de la vida y del destino.
Notamos presurosos, nuestra sangre,
correr por nuestras venas como niños,
sentimos las pasiones de la carne,
y vimos renacer a los sentidos.
Hoy lloro cuando pienso en todo aquello,
y lloro por amar lo que he perdido,
amado como nunca había amado,
sintiendo la derrota del marino.
Regresan ya las naves de la costa,
al puerto se apresuran los chiquillos,
las madres muy nerviosas los persiguen
pues marchan a buscar al ser querido.
Mi barca embarrancada no navega,
sus restos son recuerdos muy bonitos,
recuerdos de un pasado y unos sueños
que hicieron que viviera un paraíso.
Por eso ya me sobran las palabras
y quiero navegar al infinito,
al mundo de las sombras y la noche
al mundo del infierno tan temido.
Rafael Sánchez Ortega ©
22/01/09

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